sábado, 21 de mayo de 2011

Con motivo del mes de Mayo, mes de las madres, mes de María



MARÍA, REINA DE LAS COSAS COTIDIANAS

María recibe muchos atributos en las distintas devociones en las que la invocamos (basta recordar las Letanías a Nuestra Madre en el rezo del Rosario para descubrirlo: Reina de la Paz, Reina de las Familias,…).También podemos decir en cierto modo que María es Reina unida a su Hijo Jesucristo, Rey del Universo.

Pero junto a esos títulos (todos ellos importantes), hay un título que, posiblemente pase desapercibido: María, Reina de las cosas cotidianas y es que estamos tan acostumbrados a los grandes acontecimientos en honor de nuestra Madre, que olvidamos algo esencial dentro de  nuestra fe, como es el valor de las cosas cotidianas, y también en esto María es Reina, porque:

·      No hay que olvidar que la mayoría de los acontecimientos de María ocurrieron, al igual que a su Hijo, en el Hogar de Nazaret.
·      Hablar del Hogar de Nazaret es hablar del día a día, del valor de las cosas insignificantes: Cuidar un hijo, aunque fuera el Hijo de Dios, atender a San José, ayudar en el pequeño taller familiar, el trato con las vecinas y familiares, lo mismo que en cualquier hogar nuestro.
·      No hay ningún signo especial, ningún milagro en más de treinta años de esa vida oculta.
·      Solamente, cuando se une a Cristo  en su vida pública de anunciar el Reino de Dios  va a tener un lugar destacado (pensemos en las Bodas de Caná, junto a la a Cruz,…) pero hasta ese momento, nada de nada.

Por todo ello,  ¿qué nos puede enseñar María como Reina de las cosas cotidianas?
  • 1.     En primer lugar que nuestro Dios valora el día a día, lo normal, lo corriente, lo insignificante.
  • 2.     Que no esperemos grandes milagros ni de Jesús ni de María para que aumente nuestra fe.
  • 3.     Que descubramos también nosotros el valor de las cosas sencillas: Una tarea realizada a favor de alguien, una sonrisa en el trabajo cotidiano, no esperar que llegue una fiesta especial o el fin de semana para creer que solamente en ese momento podemos ser felices, sino al contrario: Es en lo más normal de nuestra  vida donde seremos realmente felices, si bien eso no impide disfrutar de las fiestas y de los grandes acontecimientos. 

En definitiva, seguiremos con el ritmo normal de la vida, sabiendo que contamos con María como Reina de lo cotidiano; saboreemos intensamente los pequeños placeres  diarios (una puesta de sol, un trago de agua fresca, un paseo por el campo o por un parque, una conversación amistosa, un encuentro con los amigos y familiares, etc.) coma origen de nuestra alegría y felicidad y abiertos, cómo no, a los acontecimientos con carácter más extraordinario (el nacimiento de un hijo, una fiesta de barrio o en honor a un santo o en honor de la propia Virgen María,…). Con estos deseos, recibe un abrazo de Paz.

Ángel-Dandy

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