domingo, 6 de marzo de 2011

Volar alto


Volar alto

“Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer”

Estas palabras del maravilloso libro “Juan Salvador Gaviota” que aconsejo que leas, me sirven para introducir este artículo titulado “Volar alto”.
Es necesario volar alto
porque vivimos para comer y no comemos para vivir,
porque ganamos para consumir y no para compartir,
porque tenemos semillas de eternidad y nos hundimos en la monotonía,
porque sabemos lo que pasa a 3.000 kilómetros de distancia y no somos capaces de preocuparnos por lo que le ocurre a nuestros vecinos,
porque hemos traducido la palabra felicidad por ganar o triunfar,
porque hablamos de derechos máximos destruyendo la vida del inocente,
porque somos capaces de comprar terrenos en otros planetas mientras destruimos la Madre Tierra,
porque primero “soy yo, después yo y lo que sobra, para mí”,
porque nos creemos realizados cuando somos fotocopias del ídolo de turno (ya sea deportivo, musical, político o religioso)
Y, sobre todo, porque todos tenemos alas para ser águilas:
Un día, un campesino encontró en el bosque una cría de águila. La cogió con cariño y la llevó al corral de sus pollos. Al cabo de un año, pasó por la granja de aquel hombre un estudioso de la naturaleza y de los animales. Vio allí el aguilucho y se sorprendió:
- ¿Qué hace un águila viviendo entre los pollos, buen hombre?
- Está conforme en este sitio: no ansía volar e incluso come lo que comen los pollos. Es como uno de ellos -dijo el campesino.
- Pero es un águila, y seguro que conserva corazón de águila. Déjeme probar.
Y el campesino le dejó. Puso el hombre al águila en su hombro y le habló:
- Tú has nacido para las alturas. Sube. Vuela al cielo que es tu reino.
El águila dudó, pero casi al instante saltó al suelo y se juntó de nuevo con los pollos.
El naturalista no se conformó. La volvió a subir, ahora a un tejado:
- El corral es estrecho y sucio. Abre tus alas y sube al cielo -le dijo.
Volvió el ave a mirar de reojo hacia el corral, pero el hombre la retuvo. Al final optó por subirla a la cima de una montaña. El sol dio de cara al águila y el viento ahuecó sus plumas. El viento le murmuró:
- “Vente, venteeeee,...”
De pronto el ave gritó, abrió las alas y ensayó a volar, con miedo al principio y después con ansia, con altura y con rapidez. Alguna vez el águila ha sentido nostalgia de la vida fácil del corral de los pollos. Incluso los ha visitado en alguna ocasión. pero no ha llevado nunca ya vida de pollo. Ella es un águila.
Tenemos que superar nuestros miedos, dejar de ser gallinas para empezar a ser águilas pues de lo contrario nos pasaremos la vida escarbando en la tierra y comiendo gusanos.
Hay que volar hacia lo alto. Es necesario observar, pensar, reflexionar y no dejarnos llevar por la sociedad.
Dentro de cada uno de nosotros hay algo hermoso. En tu interior hay algo grande que poco a poco tiene que crecer y realizarse. Hace falta potenciar la autoestima y ser como águilas auténticas.
Ángel-Dandy

2 comentarios:

Ángel-Dandy dijo...

¡Qué necesario es que saquemos el águila que llevamos dentro para volar alto ante la simplicidades de la vida!

lojeda dijo...

Muchas veces, nos quedamos con so superficial, porque nos da miedo mirar hacia arriba. Preferimos quedarnos con lo que vemos, y no nos arriesgamos a levantar le vuelo.