martes, 26 de abril de 2011

Aprecio (1ª parte)


Aprecio

“Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro” Platón.
“El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado” Carlyle.
“Hermano, no desprecies a los hombres por sus pecados; amadles aunque sean pecadores pues un tal amor es el que nos hace semejantes a Dios” Dostoiewsky.
“Encuéntrate y sé tú mismo; recuerda que no hay nadie como tú”. Dale Carnegie.
“ Lo peor que puede ocurrirle al hombre es llegar a pensar mal de sí mismo” Goethe.
“ La facultad de amar y de admirar es el punto de partida para medir la grandeza de las almas elegidas” Carlyle.
 Ninguna creencia, ningún juicio es más importante que el que nos hemos formado sobre nosotros mismos. Por eso, los padres y profesores y todos los que educan han de tener bien presente que el interés primario de todo educador ha de centrarse en lo que nuestros hijos y educandos piensan de sí mismos.
Las creencias de cualquier sujeto sobre sí mismo son los factores más decisivos en la determinación de su éxito y de su felicidad futura.
Dice acertadamente Wayne W. Dyer: «La imagen de tu hijo sobre sí mismo es el resultado directo del tipo de estímulos que recibe de ti cotidianamente. Si quieres tener un indicador que te pronostique con bastante exactitud qué tipo de adultos llegarán a ser, hazte esta pregunta: «¿qué piensan de sí mismos?». No se trata, pues, de lo que podamos pensar nosotros como padres o sus amigos, maestros u otros familiares.
Las preguntas que debemos hacernos son:
¿Se encuentran a gusto con su aspecto físico? ¿Se aceptan?
¿Se sienten inteligentes y capaces?
¿Tienen confianza y seguridad en sí mismos de que pueden llevar a feliz término cualquier tarea antes de haberla empezado?
¿Se tienen por seres dignos de consideración y aprecio?
Cuando un niño aprende a quererse, a confiar y a tener un elevado concepto de sí, a ser valorado y respetado y a respetarse a sí mismo, no hay obstáculos insalvables para su total realización como ser humano. Sin duda, la frase más rentable y provechosa que debería escuchar de labios de sus padres cualquier niño sería: Te aprecio, hijo, y creo en ti.

 La Autovaloración y la confianza, bases del aprecio

La autovaloración incluye la propia visión global que posee cada sujeto de sí mismo como ser humano. Esa visión está determinada por la valoración que han hecho de cada uno de nosotros las personas más decisivas e importantes de nuestra vida, especialmente los padres y los profesores. Cuando tratamos a nuestros hijos y alumnos como seres dignos de atención, atractivos e importantes, terminan haciéndose merecedores de las expectativas que hemos puesto en ellos y creyendo de sí mismos aquello que nosotros decimos y pensamos.
Las primeras semillas de la autovaloración las plantan los padres, y para facilitar el desarrollo de un sano aprecio de sí mismo hemos de enseñarles desde la infancia a descubrir en su interior lo mejor de su personalidad, las cualidades más relevantes. Hay que animarles a verse como personas valiosas hasta cuando no les salen las cosas bien. Que el considerarse importantes, dignos y valiosos sea independiente de cualquier actuación o conducta en particular.

La confianza en sí mismo. Vemos que la autoapreciación se evalúa refiriéndola a las actitudes, las cuales dependen en buena medida de la opinión que nos han ayudado a formar los demás sobre nosotros mismos. La confianza en nosotros mismos, sin embargo, se mide en términos de comportamiento. Acciones positivas, comportamientos eficaces, esfuerzos seguidos de éxito,... constituyen la materia prima con la que construimos y sustentamos la confianza en nosotros mismos.
Pero la confianza en uno mismo se desarrolla mediante la interacción constante de cuatro componentes cuyo denominador común es la acción: 1) disposición a correr riesgos; 2) aptitud para la persistencia, el tesón y el coraje; 3) sentirse valioso, y 4) pasar de inmediato a la acción, corrigiendo sobre la marcha cuando sea necesario.
Tratar a nuestros hijos como si ya fueran lo que pueden llegar a ser es la manera más inteligente, eficaz y práctica de impulsar su confianza en sí mismos. En vez de recordarles a cada instante sus limitaciones y escasos progresos, hemos de hablarles y tratarles como si ya fueran verdaderos campeones, como si hubieran logrado su máximo potencial, confirmándoles que creemos en ellos y albergamos esperanzas.

 Ángel-Dandy

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